Juegos de casino: ¿dinero o diversión?

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En la Universidad de Dakota del Sur se han hecho en tiempo reciente unos estudios por los cuales ambas opiniones fueron analizadas en el marco de teorías económicas. La metodología usada por el profesor Jason Zimmerman, que condujo la investigación, se basaba en la posición socio-económica de las personas consultadas. Se partió de la base de que las personas con bajos ingresos buscaban diversiones que incluyeran algún tipo de beneficio económico, mientras que las personas de mayores ingresos preferían la recreación a la mejora económica.

Extendiendo este concepto a los juegos de casino, el profesor Zimmerman basó sus estudios en el supuesto de que si los jugadores realmente esperaban mejorar sus ingresos a través del juego, entonces las personas con menores ingresos debían ser quienes más jugaban. Por el contrario, si los jugadores percibían los juegos de casino como una actividad recreativa, entonces era probable que dedicaran menos tiempo a ellos.

Las personas encuestadas para el estudio provenían de diversos niveles socio-económicos. Una de las preguntas realizadas se refería a si la persona jugaría juegos de casino como actividad recreativa. Los resultados fueron los siguientes: entre quienes tenían ingresos por debajo de $24.000 anuales el 41.7% dijo que jugaría juegos de casino; entre quienes percibían entre $24.000 y $50.000 respondió afirmativamente el 45.2$; entre quienes ganaban entre $50.000 y $100.000 dijeron que jugarían juegos de casino el 48.7%, y por sobre $100.000 anuales respondió afirmativamente el 52.2%. El resultado fue, entonces, que, cuanto más altos los ingresos, más dispuestas las personas a jugar juegos de casino.

La mayoría de las personas encuestadas sólo había jugado juegos de casino unas pocas veces en el año anterior. Entre quienes ganaban menos, predominaban los que sólo lo habían hecho en una ocasión (el 46.9%), mientras que en la categoría “sobre $100.000”, sólo el 28.1% había jugado una única vez. En el primer caso, la cantidad de jugadores que jugaba diariamente era de sólo el 0.6%; en el otro grupo, ascendía al 1.4%.

El aspecto más importante de la investigación fue que se demostró que el hecho de jugar o no en el casino tenía una relación directa con los ingresos anuales, y que los mayores ingresos inclinaban a la gente a jugar más, lo que podría demostrar que el juego de casino tiene poca influencia sobre la población de menores ingresos.

Esta investigación apuntaba tan sólo a los motivos por los cuales una persona juega, por ejemplo, a la ruleta, en sus momentos de ocio, y no pretendía demostrar si el juego de casino era bueno o malo para la economía de las personas.

La conclusión fue que los mayores ingresos determinaban mayores probabilidades de que una persona considerara los juegos de casino como actividad recreativa.

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